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Gracias por compartir tu preocupación.

Entendemos la importancia de proteger a las profesionales del cuidado y compartimos que su trabajo no debe ser sexualizado, sobrecargado ni llevado a funciones que no les corresponden. En ningún caso defendemos lo contrario.

Además, queremos reconocer expresamente el valor del trabajo que realizan las auxiliares y profesionales del cuidado. Un trabajo esencial, exigente, muchas veces poco visible y no siempre suficientemente reconocido, que sostiene la vida cotidiana de muchas personas que viven en centros residenciales. Sabemos que implica presencia, responsabilidad, vínculo, esfuerzo físico y emocional, y un compromiso diario con el bienestar de las personas.

Precisamente por respeto a ese trabajo, creemos importante aclarar que la entrada no plantea, en ningún momento, que una cuidadora o profesional tenga que satisfacer sexualmente a una persona, favorecer una eyaculación o intervenir en prácticas sexuales. Esa interpretación no se corresponde con el contenido del texto.

La entrada habla de otra cosa: de reconocer que la sexualidad no desaparece por hacerse mayor, vivir en un centro o necesitar apoyos. Y habla de sexualidad en un sentido amplio, no reducido al acto sexual ni a la genitalidad. Habla de identidad, intimidad, afectividad, vínculos, orientación sexual, expresión personal, privacidad y derecho a no ser infantilizado ni invisibilizado.

Precisamente por eso es importante abordar este tema desde la ética profesional y desde límites claros. No para añadir nuevas tareas a las profesionales del cuidado, sino para que sepan cómo actuar ante situaciones que pueden darse en la vida cotidiana: respetar la intimidad, no exponer a las personas, prevenir abusos, evitar respuestas infantilizadoras y proteger tanto a quienes reciben apoyos como a quienes los prestan.

También nos parece importante señalar que reducir la sexualidad de las personas mayores a “favorecer la eyaculación” o a una demanda masculina dirigida a una cuidadora es una visión muy limitada y estereotipada. Las personas mayores no son solo “abuelos” ni la sexualidad en la vejez puede entenderse únicamente desde ese lugar. Hay mujeres mayores, parejas, personas LGTBI, personas con distintas trayectorias vitales, vínculos afectivos, necesidad de privacidad y formas diversas de vivir la intimidad.

Hablar de sexualidad en cuidados no significa sexualizar a las profesionales. Significa, precisamente, contar con criterios para no confundir, no invadir, no vulnerar y no dejar a nadie desprotegido.

Por eso, el sentido de la entrada no es poner la sexualidad “por encima” del cuidado, sino recordar que la intimidad, la identidad y los vínculos también forman parte del bienestar de las personas. También cuando somos mayores. También cuando necesitamos apoyos.

Gracias de nuevo por tu comentario, porque permite aclarar un punto fundamental: proteger a las profesionales del cuidado y reconocer la intimidad de las personas mayores no son objetivos opuestos. Deben ir siempre juntos.

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